Hace ya 10 años que descubrí el mundo de las gyarus. En aquel entonces yo tenía 12 años y la moda en España era muy distinta: el auge de Internet estaba llegando pero aún no había estallado. La globalización tenía lugar pero no como ahora. El mundo era un lugar diferente.
No sé exactamente cómo pero el mundo de las Gals se fue abriendo ante mi. En 1999 el manga Gals! de Mihona Fuji se publicaba en España y empecé a comprarlo. En él las Gyaru se mostraban como distintas tribus en las que la amistad y los valores de lo correcto prevalecían ante todo. Si bien es cierto que dan importancia al aspecto, que estan muy pendientes de las nuevas tecnologías y demás, bajo esa fachada de colores y flores, se esconde un gran sentimiento de pertenencia a un grupo y de amistad. Y así empecé a considerarme una verdadera kogal.
No era fácil ser kogal en España: ni hablar de salir vestida a la calle como iban esas chicas japonesas ya que todavía no había llegado ese extremismo (hoy en día todas las modas que nos llegan vienen marcadas por los japoneses prácticamente), ni se podían comprar tantos complementos como hoy en día. De hecho, recuerdo que, como toda niña ilusionada, me moría de ganas de tener unos calentadores y tuve que acudir a una tienda de complementos de baile y hacerme con unos de los que se usaban en danza ya que todavía no se vendían.
Gracias a esa tribu japonesa encontré una forma de expresarme (aunque fuera con pequeños detalles cada vez más crecientes) e iba encontrando referentes. Por ejemplo, la incansable Ayumi Hamasaki, cantante de jpop y musa de las gyaru blancas de piel. Esta mujer tan pequeñita (poco más de 1,50m) es una luchadora nata. Hace unos 15 años que se mueve por los escenarios y, ni el hecho de estar quedándose sorda progresivamente la hace dejar de seguir adelante con su sueño.
Han pasado los años, y aunque ya no me sienta tan gal como antes, aunque ya no necesite ese lugar porque he terminado encontrando el mío propio, no dejo de admirarlas por salir a la calle a decir quién son, por no dejarse llevar por los prejuicios, por defender sus ideales y por luchar sin cesar. Y Ayumi Hamasaki es el mejor ejemplo de ello. Os dejo con la primera canción suya que escuché y espero que os guste tanto como a mi.
No sé exactamente cómo pero el mundo de las Gals se fue abriendo ante mi. En 1999 el manga Gals! de Mihona Fuji se publicaba en España y empecé a comprarlo. En él las Gyaru se mostraban como distintas tribus en las que la amistad y los valores de lo correcto prevalecían ante todo. Si bien es cierto que dan importancia al aspecto, que estan muy pendientes de las nuevas tecnologías y demás, bajo esa fachada de colores y flores, se esconde un gran sentimiento de pertenencia a un grupo y de amistad. Y así empecé a considerarme una verdadera kogal.
No era fácil ser kogal en España: ni hablar de salir vestida a la calle como iban esas chicas japonesas ya que todavía no había llegado ese extremismo (hoy en día todas las modas que nos llegan vienen marcadas por los japoneses prácticamente), ni se podían comprar tantos complementos como hoy en día. De hecho, recuerdo que, como toda niña ilusionada, me moría de ganas de tener unos calentadores y tuve que acudir a una tienda de complementos de baile y hacerme con unos de los que se usaban en danza ya que todavía no se vendían.
Gracias a esa tribu japonesa encontré una forma de expresarme (aunque fuera con pequeños detalles cada vez más crecientes) e iba encontrando referentes. Por ejemplo, la incansable Ayumi Hamasaki, cantante de jpop y musa de las gyaru blancas de piel. Esta mujer tan pequeñita (poco más de 1,50m) es una luchadora nata. Hace unos 15 años que se mueve por los escenarios y, ni el hecho de estar quedándose sorda progresivamente la hace dejar de seguir adelante con su sueño.
Han pasado los años, y aunque ya no me sienta tan gal como antes, aunque ya no necesite ese lugar porque he terminado encontrando el mío propio, no dejo de admirarlas por salir a la calle a decir quién son, por no dejarse llevar por los prejuicios, por defender sus ideales y por luchar sin cesar. Y Ayumi Hamasaki es el mejor ejemplo de ello. Os dejo con la primera canción suya que escuché y espero que os guste tanto como a mi.